Buenos Aires, Lunes 15 de agosto de 2011.
(Prensa Vélez Sarsfield - Estadio José Amalfitani).
Embriagados. Valió la pena esperar el tiempo que demoró la fecha la celebración patria de un nuevo acto eleccionario. Sirvió cada minuto de veda sin venta alcohólica para esperar este brindis del buen fútbol que se celebró en Liniers. Porque el Campeón demostró que no ha saciado su hambre de gloria; mucho menos en su propia casa. Con la pilcha nueva, sinónimo de los tiempos modernos; demostrando además, que no hace falta tener una V en el pecho para jugar a lo Vélez a lo grande.
Porque este gran Campeón del Fútbol Argentino va demostrando una y otra vez que no hay fórmulas y a la vez que solo hay una. Por más loco que suene o parezca. Por más que se presente como una extraña contradicción. Porque si hay lago que ha hecho Ricardo Gareca desde que asumió como máximo responsable directo del fútbol de Vélez Sarsfield, es desmitificar justamente al fútbol. Como así también que en este Vélez existen las fantásticas individualidades pero que a la vez, prevalece el equipo por sobre toda figura. Así de simple, casi tan complejo. Así es Vélez.
Porque por más que haya ido de menor a mayor en la tarde de Liniers, enseñó que pueden cambiar los nombres, uno o dos; pero que la idea en su concepción es la misma. Porque el tridente Silva - Martínez - Ramírez no tiene nada que envidarle al que conformaban los dos primeros con Moralez. Será que también el ángel de Moralito que estuvo como espectador de lujo de los que hasta ayer eran sus compañeros sobrevoló sobre el Amalfitani. Porque cuando el Fortín va a fondo, cuando se sube las medias y se arremanga la camiseta; te liquida. Así lo sufrió Banfield.
Arrancó impreciso el encuentro. Con un Vélez nervioso en la salida y un Banfield que esperaba y quería sorprender con un picante Acucharro y un siempre listo Ro-Ro López. En el local, no hacían pie en el campo de juego algunas piezas vitales para el esquema de juego como Emiliano Papa, Héctor Canteros y David Ramírez. Pero con el correr de los minutos y con las salidas fantásticas de Augusto Fernández por derecha (fue la figura del partido) y Juan Manuel Martínez que bajó a jugar sin puesto fijo y hacerse cargo del balón; Vélez empezó a crecer en la cancha. Tanto que empezó a inquietar a Lucchetti con excursiones de Silva que luchó y luchó para llegar al gol. Y lo encontró desde los doce pasos. Para sacarse la mufa, luego de que Ladino se lo lleve por delante a Papa en el área. El Uruguayo no vaciló y le rompió el arco al portero del Taladro. Arriba el campeón y cuando el campeón gana, todo cambia. Se juntaron para el festejo, sirvieron las copas. Arriba, abajo, al centro y adentro. Salud.
De todas formas, Marcelo Barovero apareció en dos situaciones para mantener el cero y la ventaja, siempre como arquero de equipo grande, al que le llegan poco pero que responde de maravillas.
Para el complemento, el conjunto de Gareca creció de sobremanera. Con espacios, Ramírez hizo lo que quiso y siempre fue punzante para habilitar a Silva, Martínez, Augusto o a quién sea. Ya a los cinco minutos, el Campeón estiró otra vez la ventaja. Fue la cabeza de Fernando Ortiz la que le dijo que sí al balón y así superar la estirada de Lucchetti que fue estéril ante tamaña definición con la testa. Bien merecido para el caudillo del fondo que junto a Seba Domínguez y al Poroto Cubero hicieron un cerrojo defensivo imposible hasta para el mismísimo Lionel Messi. Arriba Vélez, bien arriba.
Desde ahí, el local jugó con la desesperación del rival y lo disponía al nocaut. Lo tuvo Silva en dos: primero la manoteó Lucchetti y después el palo le dijo que no en una jugada fantástica entre Martínez y Ramírez. Lo tuvo el Gato Rojo en dos también primero desde afuera con un tremendo derechazo y luego de zurda para cruzarle el remate al portero de Banfield. Lo tuvo Ortiz de cabeza en una posición más agraciada que en la que marcó pero esta vez el cabezazo fue desviado. Vélez generaba y dilapidaba con el mismo criterio, pero mostraba su gran superioridad. Hasta que la jugada por derecha pasó a la izquierda y de los pies de Franco (ya en cancha junto al Rayo Ramírez que debutó en el Fortín) pasó por Bella y así a Martínez que ni bien puso un pie en el área despachó un remate que pegó en el travesaño y pico vaya a saber dónde. Adentro, en la línea o dónde sea. Luego de una eternidad, Pablo Díaz señaló la mitad de la cancha y la historia comenzaba a liquidarse. Solo quedaba tiempo para la corrida del Burrito en el festejo quien fue a abrazar a Maxi Moralez que aplaudía emocionado.
El Campeón fue mucho más. Quizás por pasividad, Gareca lo haya corrido de la lista de candidatos; pero Vélez ya se ha consagrado como un aspirante eterno a la gloria. Aún falta demasiado, es verdad; pero tras tardes como éstas, no es para nada descabellado pensar que la historia puede repetirse.
Mientras tanto el Campeón pide otra ronda. La casa invita. Venga esa copa, hermano.
Carlos Alberto Martino
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