Tuve que cambiar de apuro. Estaba lista la reseña de los jugadores chilenos que actuaron en nuestras filas pero la proximidad de los compromisos con la Universidad Católica provocó la postergación de su publicación para evitar innecesarios conflictos internacionales. Dejé de lado a los trasandinos, por unas semanas, y me volqué de lleno a los paraguayos.
Es casi de madrugada. Prendo la luz de mi cuartito, me siento en la silla robada en la mudanza de un amigo, apoyo los brazos en el escritorio afanado en la misma mudanza, enciendo mi PC a pedales, ubico mis dedos sobre el teclado y pongo sobre el pupitre de madera, junto a papeles con detalles numéricos, mi ultima adquisición: La revista ?Hombre? con la opulenta Larissa Riquelme en tapa (calienta lo mismo que el Olé de Farinella pero la calentura es saludable, inspira a la redacción y evalúa la perfomance del ?amigo?).
Arrancar con José Luis Chilavert es una obviedad y ya se ha escrito mucho sobre él. Se extrañan las fábulas que escribió en las canchas el natural de Luque. Se añoran sus finales de cuento. Chila monopolizaba fecha tras fecha todos los títulos de los diarios. En los corazones velezanos, el guerrero guaraní tendrá seguramente próspera eternidad. Mi casa esta tapizada con sus retratos. De cualquier modo me tomo la atribución de redactar un pequeño párrafo imparcial y objetivo: ?Fue el mejor de la historia, el más grande, un emblema, un monstruo, una leyenda, un imprescindible?.
Al lado de este gigante, el resto queda empequeñecido pero vale esta crónica para acercar el recuerdo de los originarios de ?El Corazón de América? que anidaron en el Club fundado el 1ª de enero de 1910.
Si buscamos arquetipos, el semblante del asunceño Heriberto Correa era muy similar al de un policía de provincia o un hachero chaqueño. Morocho, austero en gestos y con un bigote como manubrio de bicicleta, Correa fue un lateral izquierdo con correcta salida, sólida marca, y preciso y potente disparo, aptitud que lo hizo acreedor a ser el encargado de la pelota parada en los albores de la década del 70. El 13 de abril de 1974 dibujó su tarde gloriosa anotándole dos golazos a River en el Monumental, en lo que tal vez sea la victoria velezana más memorable en el reducto del cacareo. Un pibe con ansias de goleador conocido como Carlos Bianchi completó la epopeya llevando el resultado al 4 a 2 definitivo. En esa época, el técnico de la Selección Argentina, Enrique Omar Sívori, posó sus ojos en el marcador de punta y Heriberto se naturalizó argentino para representar a nuestro país (único caso) en las eliminatorias para el Mundial 74. Desde el 69 al 75, Correa perforó en 16 ocasiones las redes adversarias en 165 presentaciones. Luego de brillar en Vélez paseó su preciso remate por Racing, el Mónaco francés, Huracán y Platense entre otros. En abril de esta temporada, con 62 recién cumplidos, recibió de manos de Julio Grondona el premio Jorge Newbery en reconocimiento a su trayectoria. Loas y alabanzas hacia un futbolista al que la orfandad de títulos en su currículum lo ubica apenas algún peldaño por debajo de los relevantes históricos de esa posición: Raúl Cardozo o Emiliano Papa.
En 1987 se produjo la inmigración masiva desde la tierra de la mandioca y de la polca. Cargado con sus valijas repletas de sueños desembarcó en Villa Luro el trío guaraní compuesto por Isidro Sandoval, Buenaventura Ferreira y Jorge Nunes. Las siguientes líneas servirán para trazar un repaso de sus grises itinerarios defendiendo nuestros colores.
Rudo, fuerte, robusto, temperamental, de excelente manejo de balón y justa y potente pegada, Isidro ?El bailarín? Sandoval era una mixtura entre el rostro de ?El Patrón? Bermúdez (busque su foto en la red) y el físico ampuloso de Waldo Ponce. Sus indisimulables condiciones técnicas le valieron ser un permanente convocado a los listados nacionales y registró valiosas participaciones tanto en la Copa América del 79 como en la cita mundialista de 1986. En Vélez se lo utilizó como zaguero o volante central y marcó 4 tantos en 30 presencias. Del trinomio fue quien dejó mejor imagen. Quizás no lo sepa, y se entere si este artículo llega a sus manos, su apellido motivó la ruptura de una amistad: La cara de Sandoval era la figurita ?difícil? del álbum correspondiente al Mundial 86. El gordo ?Chicho?, amigo de la infancia, solo había comprado dos paquetes de aquella colección y tuvo el tremendo ojete de conseguir el tesoro más preciado: La número 154. A espaldas de mi vieja, quien me daba la guita para la adquisición de los más de 400 sobres de ?fichus?, me dirigí hasta la casa del gordo y le ofrecí 2 Burruchagas, 3 ?Tata? Brown y 1 Giusti. ?Chicho?, un turro, una rata, rechazó el ofrecimiento y también rehusó el agregado de un Karadagian Jack en musculosa negra (en la actualidad lo mismo que un blackberry de dos lucas), el trueque se truncó, razón que me obligó a mandarlo al carajo, el álbum quedó incompleto y jamás volví a saludarlo. Su campaña como jugador se fue desdibujando. Aquejado por la impiedad de su adicción al alcohol, ya presente en su etapa futbolística, el ex jugador de Cerro y Guaraní despilfarró todo su dinero y hoy vive de la caridad y solidaridad de sus compatriotas.
?Es buen tipo, Le hace bien al grupo y es solidario en el juego? esos eran los argumentos que esgrimía Daniel Willington para explicar su inclusión en la alineación titular. ?Arrastra marcas, genera espacios y colabora con la defensa? agregaban sus compañeros. Yo, lo único que recuerdo es el coro de quejas y puteadas de la tribuna velezana. Buenaventura Ferreira nació en Coronel Oviedo un 4 de abril de 1960. Pese a su nombre de etimología optimista el delantero lejos estuvo de cumplir con el presagio de buenaventura. Su recorrido en el club,-justo es reconocer que lidió en un contexto mediocre-, estuvo adornado y jalonado por una pobreza franciscana: 30 partidos, 3 tantos. En tren de comparaciones podríamos asemejar su juego al de Hernán Rodrigo López, pero sin gol. Ferreira pivoteaba lejos del arco y las escasas veces en las que se acercaba, la pelota terminaba lejos de los palos o en poder del golero adversario. Estuvo presente en el Mundial 86 pero nadie se acuerda. Su apellido ganó prestigio y fama en Oriente Petrolero pero sus pasos por el Sabadell y Colón fueron olvidables. Largó el fútbol a los 37 en medio de la indiferencia y la apatía.
Jorge Amado Nunes (25 pj, 2 goles) era quien portaba, a su llegada al club, los mayores pergaminos de la dotación guaraní. El ?Cenizo?, tal su apodo por lo blanco de su cabello, nació en Berazategui un 18 de octubre de 1961, se naturalizó paraguayo, y cosechó notoriedad haciendo un gran Mundial en el que resaltó por lo canoso de su pelo y su infatigable despliegue como mediocampista central o derecho. Su debut con nuestra casaca resultó una bocanada de optimismo, una insinuación esperanzadora. Se erigió como la figura del equipo y convirtió el gol en un empate ante Platense. Ese engañoso espejismo fue efímero. Su crédito se dilapidó rápidamente. Afectado por un insólito inconveniente físico, transitó (cuentan rumores) su estadía en Liniers sentado sobre una palangana con agua de alibour (cicatrizante y astringente, pregúntele a su abuela). Lo cierto es que Nunes nunca pudo afirmarse en el elenco titular y al igual que sus coterráneos se fue marchitando y fue eyectado entre los dictámenes de lapidación emitidos por la popular. Los mismos medios que embadurnaron su arribo con floridos adjetivos, saludaron con misiles su silenciosa partida. Integrante de planteles de Cerro Porteño, Deportivo Cali, Elche, Libertad y Chaco for Ever, su punto de plenitud lo alcanzó en Universitario de Perú donde sus actuaciones lo transformaron en ídolo y en donde legó un nocaut de antología a Juan Carlos Kopriva en un duelo frente al Alianza Lima.
La inmigración masiva resultó claramente un experimento fallido. La veloz diáspora de los oriundos del terruño del chipá pasó desapercibida para el público en general.
19 presentaciones y solo 1 gol. Esta escuálida cifra compartieron en su excursión por nuestra Institución Amado Pérez Castillo y César Ramírez Caje. El primero se incorporó en el 80 tras descollar en la final de la Copa América 79,-partido disputado en el Amalfitani-, y en el cual la albirroja conducida por Arnulfo Miranda se alzó con el máximo trofeo. ?Perico? deslumbró con su potencia, su dribbling y su velocidad, atributos que no volvió a mostrar vestido con la V azulada. Dos centros por detrás del arco, la conquista a Platense y varios choques con los carteles de Crush y de Bananita Dolca fueron sus prestaciones más valiosas. Amado, vaya paradoja, volvió a la cuna de Roa Bastos repudiado por el grueso de los simpatizantes fortineros hartos de sus flojos rendimientos.
Ramírez Caje, ?El Tigre?,-un insulto a la trayectoria del gran Ricardo Gareca-, se sumó a las huestes velezanas en 1999 por expreso pedido de Eduardo Lujan Manera. Había debutado con solo18 añitos en Cerro Corá y llegó al Club procedente del Sporting de Lisboa. La impresión de frescura de sus 21 años se fue centrifugando por sus grandes limitaciones. Buena técnica con la pelota, movedizo para escapar de las marcas pero poco afecto a pisar el área con profundidad, Ramírez se desempeñó además en Cerro y Flamengo. En el futuro podrá contarle a sus nietos que fue protagonista de la tarde en que su famoso y genial coterráneo José Luis Chilavert entró en el libro Guiness al marcarle tres tantos a Ferro en un 6 a 1, y convertirse en el primer guardameta en lograr esa marca. Precisamente en esa jornada, ?el Tigre? clavó su unica conquista en nuestra Institución, gol que enmarcado en la coyuntura antes mencionada nadie recuerda. Una gran fiesta de homenaje organizada por Cerro Porteño rubricó su despedida de la actividad el año pasado (algunos sostienen que festejaban su retiro). Afecto a la noche guaraní, el delantero que actuó en Francia 98 protagonizó variados escandaletes que serían la delicia de Jorgito Rial y perdió un juicio penal acusado de violencia doméstica. Esto ayuda a sostener mi hipótesis de que su carrera fue más mediática fuera que dentro del terreno de juego.
El recorrido de Jorge Núñez merece solo 4 renglones y es mucho. Volante por derecha, lo pidió La Volpe, jugó poco y nada, y la unica alegría que me dio fue cuando representando a Nacional de Paraguay dos anotaciones suyas eliminaron a los plumíferos de un torneo internacional (bah?mucho mérito no tiene, en el exterior se eliminan solos). Las estadísticas lo castigan: disputó 8 encuentros y no hizo goles.
Las proezas de Chilavert y el buen andar de Correa inclinan la balanza, y lo harán por mucho tiempo, hacia el lado positivo frente a los relatados desencantos. Luego de esta lectura, UD, querido lector, hará su propio juicio de valor que supongo no estará muy distante del mío.
Son las 4 AM. Una cerveza y a dormir. Apeo mi cabeza sobre la almohada y rememoro los goles y las increíbles atajadas de Chila. Quiero gambetearla, pero vuelve a mi cerebro la página 14 del magazine ?Hombre? y la foto subyugante de ese portento guaraní de carne caliente y apellido gélido llamado Larissa, la propietaria de la funda de celulares más marketinera. Solo un par de cachetazos de su compatriota de las tablas y la TV, conocido como Arnaldo André, pondrán al ?amigo? en posición de relax.
Dulces sueños??Chilavert??, Larissa??. y el lago azul de Ypacaraí.
Gabriel Martínez.