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RICARDO GARECA

Tu rugido es bandera
Ricardo Alberto Gareca nació en Tapiales, provincia de Buenos Aires, el 10 de febrero de 1958. Hincha de Vélez por legado paterno, el Tigre había confesado públicamente su simpatía por el Fortín en el semanario El Gráfico en los albores de los 80 y logró concretar su anhelo de calzarse la "V" azulada en 1989. Regresó como técnico, es tricampeón y va por más. Ídolo por siempre.
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Lo dijo el día que fue presentado en sociedad como entrenador de Vélez. "Quiero recuperar la mística de los noventa", sostuvo por entonces (palabras más palabras menos) el Tigre. El tiempo y su trabajo le dieron la razón. Hoy, 200 partidos después como entrenador de Vélez, no solo recuperó la mística que hablaba, sino también la gloria. Foto: Mauro Alfieri.

El tiempo, por el orden natural de las cosas, le dibujó marcas en su rostro. Las muecas de un destino que nunca supo ni sabrá si está o ha estado escrito. Lo cierto es que el tiempo, hizo todo lo posible para que entre esas huellas que fue dejando en su piel, sean las que se trazan con el gesto sincero y franco de su sonrisa. Su sonrisa alegre.

La misma que le ilumina la cara, la misma con la que se aferra como un niño a la Copa Evita Capitana que hace un par de días acaba de ganar junto a sus jugadores, junto a su equipo técnico, médicos, colaboradores e hinchas (como a él le gusta remarcar sin dejar a nadie al margen). La misma que hace cuatro años viene dibujando uno a uno a todo el hincha velezano, con el pecho bien alto y el corazón latiendo a mil por hora.

Quizás, desde su humilde personalidad, siga pensando que no es ídolo de Vélez Sarsfield. Uno no intenta convencerlo, pero hay motivos de sobra para afirmar que hoy Ricardo Alberto Gareca es un emblema, un prócer, una bandera para todo Vélez Sarsfield. Las razones, abundan.

Bastará remontarse a ver al Vélez de fines de 2008. Cómo estaba en los promedios, cuando los campeonatos se terminaban poco antes de empezar la fecha 13. El futuro futbolístico que deambulaba entre las ideas de uno y otro sin un rumbo fijo, donde los juveniles se comían a los juveniles y los ciclos adelantaban su fecha de vencimiento. No es masoquismo, es mantener firme en la memoria algunos pasajes de la historia que es preciso recordar para cuando la exigencia en los tiempos que corren muchas veces no sea algo injustificado.

Por acierto de la Directiva primero, en confiar el destino futbolístico en Christian Bassedas; quien acertó después en sugerir el nombre de aquel flaco alto delantero de cabellera rubia que supo arrancar gargantas velezanas en los principios de los noventa para hoy, mucho tiempo después, ser el entrenador del Club Atlético Vélez Sarsfield. Su contracción al trabajo, su hombría, su simplismo, su todo; se vio reflejado desde el primer instante, donde una historia mística se apoderó como en las épocas doradas de la actualidad.

Lo dijo el día que fue presentado en sociedad como entrenador de Vélez. "Quiero recuperar la mística de los noventa", sostuvo por entonces (palabras más palabras menos) el Tigre. El tiempo y su trabajo le dieron la razón.  Hoy, 200 partidos después como entrenador de Vélez, no solo recuperó la mística que hablaba, sino también la gloria.

Hablar de números es pura estadística. Tres Campeonatos (Clausura 2009, Clausura 2011 e Inicial 2012), un Subcampeonato (Apertura 2010), una semifinal de Copa Libertadores (2011), una semifinal de Copa Sudamericana (2011), dos veces el mejor equipo del año calendario (2009 y 2012), elegido dos veces como el Mejor Club del Mundo por el Instituto de Historia y Estadística, venta de jugadores, promoción de más de 20 juveniles, 109 victorias, el aplauso del Nuevo Monumental de Rafaela que se cuenta como un título en la aprobación de los de afuera; números y más números de una historia inigualablemente inolvidable.

Ricardo Gareca, es mucho más que todo eso. El Tigre el hombre que le devolvió a Vélez Sarsfield una identidad que dormía plácidamente, pero con su impronta siempre en busca del arco rival.  Manejarse con la cordura de quien sabe el camino por el que atraviesa, o reconoce la piedra por la que ya pasó infinitas veces y que supo ser un tropiezo en su andar. Demostrarle al mundo del fútbol que los partidos los ganan en conjunto y que los pierden también de la misma forma, sin lágrimas que buscan responsables siempre en los hombres de negro. Quitarle el dramatismo a los libros del buen entrenador que busca concentraciones de tres días de un hermetismo paranoico. Hablar su lenguaje y verlo reflejado en el de sus jugadores, con un "en líneas generales" que puede ser oído en sus declaraciones tanto como en las de sus dirigidos. Meterle un freno a la vorágine que va a la caza de los entrenadores y fijar períodos renovables año a año. Contribuir con la grandeza de la institución. Tener la condición inigualable por la cual pidió no ser juzgado, que es la de ser amar y sentir a Vélez, por la que se emociona, sufre, se desgasta, se potencia, se ilusiona, se enchufa, se exige.

Por eso, es casi imposible imaginar hoy a Vélez sin Gareca; como tampoco a Gareca sin Vélez por más que parezca una redundancia que no lo es. Vélez debe buscar una vez más la continuidad de su entrenador emblema, el más ganador; tanto como Gareca deberá buscar en la consecuencia de su trabajo esa Copa que tanto le coquetea a él como a la institución en estos años gloriosos. No existen, a priori fechas de vencimiento para su labor. El Flaco hizo creíble el fútbol, su Vélez lo demuestra y cada día le tuerce un poco más la muñeca a quienes no quieren terminar de verlo. El Tigre es Vélez. Es la historia grande de una institución gigante.

El tiempo también podrá separar los caminos. Tarde o temprano podrá suceder. Así son las cosas y de eso se trata la vida. Ahí será el momento en que estas palabras, seguramente para Ricardo tendrán el valor en sí mismas. Nosotros, nos permitimos disfrutarlo, como entrenador, como persona. La historia de Vélez también la escribió con su nombre. Un apellido imborrable. Un rugido que para todo Vélez, hoy es bandera.

 

Carlos Alberto Martino
cmartino@velezsarsfield.com.ar
Twitter: @martineta16