Buenos Aires, Miércoles 21 de septiembre de 2011.
(Prensa Vélez Sarsfield ? Estadio José Amalfitani).
Cuán difícil se hace tener que acostumbrarse a lo que uno no está para nada acostumbrado. Cuando las piernas comienzan a pesar más de la cuenta y levantar la frente se hace una tarea ardua y complicada. De buscar con la mirada y ver un espejismo de lo que supo ser en algún momento, para caer en la cuenta de que fue solamente un espejismo. Porque todo mal momento se agudiza, cuando no se puede salir de él; por más obvio que sea o parezca.
Vélez Sarsfield recibía en casa a un golpeado San Lorenzo que tenía en la semana los días contados para su entrenador y coqueteando mortalmente con la zona baja de los promedios. La realidad futbolística de ambos era tan parecida como incomparable. Uno viene de ser campeón y destacado siempre; mientras que el otro llegaba de acumular traspiés en los últimos torneos. Pero sin embargo, los dos delataban un presente inmediato tan pobre como lo indicaban sus puntos en la tabla de posiciones. Por algo hacía cuatro encuentros que ni uno ni el otro ganaba. Así se presentaba un duelo con el condimento extra de no tener parcialidad visitante por esta decisión tomada ante tanta intolerancia de los hinchas, en una enfermedad cruel para el Fútbol Argentino.
Desde el vamos las cosas parecían acomodarse. Un Vélez atrevido que contaba con sus mejores armas: el buen trato del balón y siempre mirar el arco rival. Mientras, en frente, San Lorenzo se refugiaba cerquita de Migliore y aguantaba los trapos desde allí, sin ni siquiera plantearse cruzar la cañada e ir en busca de inquietar a Barovero. No, no busque llegadas de la visita en el primer acto, porque va a perder el tiempo. Así y con la paciencia que lo caracteriza, el campeón fue en busca del golpe. Buscó por derecha y por izquierda; hasta se animó por el centro, con un David Ramírez más que inspirado en el arranque para jugar y hacer jugar, como también para recuperar si es que el equipo lo necesitaba. Con Zapata tocando, con Canteros animándose a más y con un Augusto Fernández que empezaba a mostrar esa faceta que uno más le conoce, la de mandarse al ataque.
Papa lo tuvo de entrada pero Migliore voló al ángulo y le negó la guinda del postre. Lo Tuvo el Gato Rojo y remató desviado ante la salida del arquero. Lo buscó Bella también, en una clara señal de que Vélez era más ante un pobre Ciclón. Hasta que llegó Augusto y capturó una jugada que venía de la izquierda para preparar el arma y cruzarle el remate a Migliore, como hace unos días atrás se lo cruzara a Peratta en el Marcelo Bielsa. Deliraba el público que encontraba en su equipo las luces de aquel que supo ser campeón. Se ilusionaba el hincha con un triunfo que venga a cortar tanta malaria de puntos para un juego que supo ser vistoso para este Vélez. Así se supo ir el equipo al vestuario, con la tranquilidad de la tarea cumplida y rompiendo el maleficio ante tanto desatino.
Pero el complemento fue una vez más prisionero de lo que más lo aqueja a Vélez. La desconfianza. De entrada nomás, San Lorenzo se vio con el partido igualado en su primer remate al arco tras una distracción defensiva en la segunda jugada de un córner que lo encontró solo a Enzo Kalinski para meter de cabeza el tanto que le devolvía la vida a la visita.
El equipo de Gareca sintió el golpe y rememoró las una y mil veces que lo lastimaron en este Apertura. Desde ahí no pudo salir. Yendo a buscar por inercia pero casi sin ideas, se vio agotado en lo físico y saturado en lo mental para tener la claridad necesaria con el balón; por eso, perdieron pelotas jugadores que están más acostumbrados al acierto en las decisiones que en las equivocaciones. Se apagaron los generadores y el fútbol de Vélez quedó a ciegas. Entonces San Lorenzo comenzó a animarse a más y hasta ser más preocupante que el local, que por ese entonces ya desconfiaba hasta de su propia sombra en la paranoia de no poder sumar de a tres.
¿Lo tuvo para ganar Vélez? Sí, claro que sí. Hasta el momento fatídico del minuto 48 del complemento la última había sido para Vélez luego de un barullo en el área, para que la pelota salga rápida para Salgueiro y en una corrida frenética lo enfrente a Barovero y quiebre el destino del encuentro. Enmudeció el estadio y no era para menos. Vélez mostraba lo peor de su juego y a esta altura es pagarlo caro.
La derrota no maquilla el pobre presente de San Lorenzo, que hizo poco para ganarlo y que en definitiva se llevó más que mucho; pero si decora un presente de Vélez que dista mucho de ser el deseado y del que puede brindar este plantel que pagará con desconfianza tanto de lo perdido.
La derrota viene a golpear bajo, a lo más bajo del ánimo de un plantel que deberá salir de esta, como de tantas de las cuales ya se ha levantado. Pero hoy sí se ha tocado fondo, no por el resultado; sino por lo que faltó dentro del campo de juego.
Carlos Alberto Martino
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