Buenos Aires, Domingo 11 de septiembre de 2011.
(Prensa Vélez Sarsfield - Estadio José Amalfitani).
Si existe un deporte donde la fortuna suele ser un factor determinante a la hora de definir un partido, sin dudas que el fútbol reúne esa condición. Si la injusticia toma forma en el análisis final de noventa minutos de juego, también anóteselo al fútbol. Porque si un periodista tarda más de tres horas en tratar de juntar palabras lógicas que expliquen lo inexplicable; justamente se explica (aunque suene paradójico) lo que se menciona casi con la incomprensión de lo recientemente vivido.
Porque resulta muy difícil comprender cómo no se haya llevado premio el equipo que más apuesta y arriesga para ganar los partidos. Porque no hay forma de hacerle entender a cualquiera que quiera oír, que un equipo que tuvo 12 situaciones de gol, tres tiros en los palos, salvadas dramáticas del guardavallas rival y tan sólo dos llegadas en contra, que no haya ganado el partido. Peor, que ni siquiera lo haya empatado.
Vélez no liga. Es una verdad tan brutal que no suena siquiera a excusa. Porque hay que decirlo y reconocerlo. Porque el equipo de Gareca arrancó de menor desarrollo a un crecimiento que va mostrando fecha a fecha. Por ejemplo, como esta noche nefasta en Liniers, donde luego de algún pasaje de dudas, fue rotundamente más que el rival. Pero de tantas situaciones de gol que generó, la mala puntería y la fortuna (una es consecuencia de la otra y viceversa) le jugaron una pasada brava. Empecemos a contar y perdonen si falta alguna. De ser así, está abierto el correo junto a la firma para ayudar a la memoria. Guille Franco tuvo tres en el primer tiempo: la primera (la más clara) con un cabezazo que suspendido conectó el balón para que éste bese la base del poste y lejos de entrar salga derecho a las manos de Bologna; la segunda, un pase en profundidad de Zapata que Franco paró con el pecho y ante la salida de Bologna intentó definir por arriba pero tapó el arquero; la tercera fue el remate de Canteros que lo encontró en una posición inmejorable pero acompañó sorprendido con el pie el balón y se fue a un lado. Tuvo una más el Burrito por izquierda pero tapó el arquero. Ya en el complemento y con la entrada del Rayo Ramírez se intensificaron. El mismo Rayo se escapó con un pase de canteros pero en el mano a mano apuró la definición y se fue desviado. Un cabezazo de Ortiz, uno de Rescaldani y uno tremendo de Domínguez que el arquero mando al córner. Un remate de Zapata que se desvió pero que pasó cerca. Una situación inmejorable de Papa para definir dentro del área y que optó por el pase. La gran jugada que terminó con casi tres goles en una misma acción, con el remate del Burrito Martínez que dio en el palo, el rebote que capturó Augusto y que metió en el travesaño, y el otro rebote que agarró Ramírez y mandó por arriba. Tremendo. Enumerar cada una de las jugadas en las que Vélez estuvo cerca de anotar duele tanto como ese tanto malparido (en la gesta la pierde Canteros en la mitad de la cancha) de Paulo Rosales a cinco del tiempo reglamentario que con la cara y llevándose por delante la pelota hizo historia.
Otro gol extraño. Así le convierten a Vélez. Como lo hizo All Boys con un rebote, Unión también. Es que es común para un equipo que está totalmente metido en el campo de juego rival en busca de ganar el encuentro como este conjunto de Ricardo Gareca. A veces termina pagando en el fondo, tener solo dos hombres en su campo (clara señal de que todos están en busca de la gesta del gol). Hoy fue una clara señal a veces de que cuando las individualidades no pueden desequilibrar y por más que el equipo funcione, cuando la cosa no va, no va.
A Vélez le juegan a muerte. Es la señal clara que utilizan todos los equipos para enfrentarlo. No le regalan nada. Saben que en el golpe por golpe van a salir lastimados ante el campeón y reculan, se meten atrás y esperan. Nadie arriesga y por eso da más bronca que el fútbol no premie a los equipos que hacen algo por el fútbol, que quieren mejorar la calidad de vida de un deporte en la Argentina que con estos planteos y esquemas está al borde de la muerte. Porque más allá de la derrota y del dicho consolador que dice que ?de esta forma van a ser más los partidos que se ganen a los que se pierdan?; lo que se quería ganar es el partido, pero no de la forma que sea. Con este estilo que impuso Vélez y que pocos, muy pocos (por no decir nadie) se anima a utilizar.
Porque sumar la tercera derrota al hilo en el torneo doméstico no preocupa, sino que ocupa. Porque ninguno de los equipos que hoy se jacten de haber vencido al campeón (léase All Boys, Olimpo y Unión), pueden ostentar haber superado a este Vélez en el desarrollo del juego. Por eso se refuerza la idea de prestar atención a estas enseñanzas, en vez de sentir un golpe que no tiene más que una derrota. Una derrota que de todas formas, en el arranque del torneo aleja el objetivo.
En la noche de los arcos cerrados, Vélez debe caminar más que nunca con la frente en alto. La misma que tuvieron sus hinchas para ponerse de pie y aplaudir con la derrota consumada y tras el pitido del juez para marcar el final. La misma que mostraron los jugadores dentro del campo de juego para ir e ir en busca de lo merecido. Con la misma que hoy se mira a todos desde arriba, por la grandeza de un club que no tiene comparación.
Carlos Alberto Martino
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