Buenos Aires, Sábado 11 de Mayo de 2013.(Prensa Vélez Sarsfield - Estadio José Amalfitani)
Por más de lo bueno que uno intente escribir, pareciera que se han empecinado en que la cosa sea todo lo contrario. Lejos de tener la negación de varios medios para describir siquiera lo sucedido en el tramo final del encuentro, es inconcebible pasarlo por alto desde lo moral en estas líneas que intentan hablar de lo que dejó el encuentro entre Vélez Sarsfield y Arsenal de Sarandí.
Está bien y es correcto que Ricardo Gareca no hable del arbitraje. Así se ha manejado durante los cuatro años y medio que se metió en la gloria grande de club siendo entrenador, y es digno de reconocer en un mundo donde todos buscan tener la lágrima más grande. Pero es necesario y casi una obligación, desde estas líneas, remarcar lo nefasto de un arbitraje por el simple hecho que trascienda lo ocurrido; ante la ausencia de este tema que han omitido sorpresivamente varios medios fútboleros.
Es que calificar los últimos minutos de Diego Ceballos en cancha cumpliendo su rol de juez como malo, es ser injusto: porque fue una labor nefasta. La necesidad primero imperiosa de adicionar minutos (cuatro en principio) en un encuentro que no había tenido parates siquiera prolongados. El exabrupto, después de añadir un minuto más (completó cinco) creyendo que Brian Ferreira simulaba un calambre que lo dejó finalmente defendiendo a su equipo con 10 porque salió del campo de juego. No cobró falta a Rescaldani en ataque y en la contra, en la jugada previa al go un codazo de Braghieri a Fernando Tobio que los dejó a ambos en el piso. Ante tanta permisividad, Nicolás Aguirre no dudó y marcó el empate cuando se iban los cinco adicionados por el juez. Un bochorno.
Fue tan notorio que hasta Ricardo Gareca fue en busca del juez, surcando el césped del Amalfitani, para quitar a sus jugadores y colaboradores (el Turu Flores estaba sacado con Ceballos), y para también expresar su bronca ante tanto atropello.
Por eso cuesta escribir de lo lindo que fue ver a un Vélez casi juvenil, con 10 jugadores de los 11 titulares nacidos en la cantera del club (solo Germán Montoya es de afuera); para decir más, con 17 de los 18 convocados entre titulares y suplentes son de la cantera velezana. Por eso duele ver como a estos pibes que hicieron un sacrificio enorme se los castiga vaya a saber por qué. No es ensañarse, es decir lo que vieron todos, y curiosamente la mayoría calla.
Porque en Vélez se encontró la calma en el juego que andaba perdido y mostró niveles altísimos para merecer la victoria. Con un Lucas Romero que volvió a ser el pacman del medio juego y el alma de este equipo. Con un Ezequiel Rescaldani que por más molesto que se fue con el empate, estará feliz con su racha goleadora. Con un equipo de juveniles que mostraron ser grandes defensores de la idea velezana del Tigre y mantuvieron bien en alto el orgullo velezano.
Por eso da más rabia. No por la posición en la tabla (igual molesta); no por cortar esta racha tremenda de no poder ganar en el torneo posterior al haberte coronado Campeón; porque estos pibes no se merecían tanto manoseo. Pero en fin, quizás Vélez no defendió bien ante un Arsenal que con "coraje" (así titularon los medios) consiguió el empate. En el mayor irónico de los casos.
Da orgullo ver como estos pibes se bancaron un partido así. Con corazón, con garra y tratando de borrar la imagen que va dejando Vélez en el Final. Felicidad de ver reflejado el proyecto a largo plazo, en un futuro tremendo que ostenta la institución.
Ya está. A pensar todos en Copa que el Amalfitani tiene que reventar el miércoles. Serán los noventa minutos más importantes del Campeón Argentino en un semestre que lo tuvo golpedo varia veces. El que mostraron estos pibes es el camino... a andarlo.
Carlos Alberto Martino
Twitter: @martineta16