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JULIO ASAD

No habrá ninguno igual
Julio Asad nació en la ciudad de Buenos Aires el 7 de junio de 1953 y debutó en primera división el 31 de octubre de 1971 en un Vélez 3 – Estudiantes 2. El segundo "Turco" famoso del siglo fortinero, (el primero fue Omar Wehbe), venía pidiendo pista desde las inferiores y se calzó con autoridad la número "5" luego de la debacle ante Huracán en 1971.
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La hinchada rápidamente lo transformó en ídolo, el hit tribunero atronaba en todos los escenarios, "Y chupe/ chupe/ chupe/ y no deje de chupar/ el "Turco" es lo más grande del fútbol nacional". Marcó 35 goles en 144 partidos y resultó decisivo en el Nacional 74 en el que estuvimos a las puertas del título. .

"No, ese jugaba a otra cosa".

La larga sobremesa se extendía en la madrugada. Los apellidos de grandes volantes centrales de la historia del fútbol argentino desfilaban, y el agasajado, el autor del enunciado génesis de esta reseña, asentía meneando la cabeza o haciendo un breve análisis de las condiciones de cada jugador mencionado. La lista incluía ilustres como: Mouriño, Rossi, Rattín, Telch, Madurga, Gallego, Merlo, Galván, Raimondo y otros. Hasta que alguien esbozó con timidez y casi en un murmullo "¿Y….Julio Asad?". Alfio Basile levantó la vista, lo miró fijo, puso su mano derecha en posición de STOP y le descerrajó con su voz macerada por una lija y sin titubear la frase con la que comienza esta nota, "No, ese jugaba a otra cosa".

Julio Asad nació en la ciudad de Buenos Aires el 7 de junio de 1953 y debutó en primera división el 31 de octubre de 1971 en un Vélez 3 – Estudiantes 2. El segundo "Turco" famoso del siglo fortinero, (el primero fue Omar Wehbe), venía pidiendo pista desde las inferiores y se calzó con autoridad la número "5" luego de la debacle ante Huracán en 1971.

"El Turco" era un jugador excepcional, un jugadorazo, un mediocampista centro de gran técnica y manejo, pase largo y corto, mucho panorama, temperamento indómito y enorme capacidad para el quite y la recuperación. A todas estas aptitudes le agregaba una importante cuota de gol, marcando sus conquistas a través de cualquier medio: de cabeza, de penal, de tiro libre o llegando por sorpresa y con rapidez al área rival. Me resulta imposible trazar un paralelo o similitud con algún otro colega que se desempeña en ese lugar de la cancha. No hubo otro igual, quizás no lo haya nunca.

Mis recientes charlas con hinchas reconocidos que superan o arañan los cincuenta ratificaron esta argumentación. Para ellos y para mí, Julio Asad es uno de los indiscutidos en la formación ideal de nuestro siglo de vida.

Siendo muy pibe, en mis primeras apariciones en el Amalfitani junto con mi viejo, y mientras le rompía las bolas en la tribuna pidiéndole o preguntándole cualquier pelotudez, ante la consulta ignorante por la edad, ¿Papá, quien es el mejor?, el viejo me apuntaba al césped y me explicaba, "Mirá al cinco y aprendé, ese es el mejor, ese sabe todo, ese es un fenómeno".

La hinchada rápidamente lo transformó en ídolo, el hit tribunero atronaba en todos los escenarios, "Y chupe/ chupe/ chupe/ y no deje de chupar/ el "Turco" es lo más grande del fútbol nacional". Marcó 35 goles en 144 partidos y resultó decisivo en el Nacional 74 en el que estuvimos a las puertas del título. Era el jugador fetiche de un joven entrenador llamado Cesar Luís Menotti que había tomado las riendas de la Selección Nacional y lo elegía en primer lugar en cada una de sus convocatorias de cara al Mundial a desarrollarse en nuestro país.

En la primera fecha del Nacional 75, en cancha de Ferro, el Turco no pudo frenar su irascible carácter, fue expulsado y recibió varias fechas de suspensión. En medio del cumplimiento de la sanción, disputando un amistoso, sufrió la rotura de los ligamentos cruzados de su rodilla, y esa lesión, temible para la época, acabó con su carrera como futbolista profesional, anticipó su retiro. Luego de una salida traumática del Club, y de fugaces y poco felices pasos por Racing y Colón, el "Turco" comprendió que la rebelde articulación no tenia cura y que su tiempo de esplendor había pasado.

Cuenta la anécdota que sorprendido y golpeado por el episodio que marginaba del combinado nacional al jugador que lo hechizaba, el Flaco Menotti resolvió reemplazar al "Turco" por Jorge Olguín y apremiado por la gira que contemplaba el recordadísimo partido en Kiev bajo la nieve, el lateral derecho,-haciendo uso de la picardía criolla-, viajó a la Unión Soviética, (en plena guerra fría), con el pasaporte de Asad. Los soviéticos, que eran fríos y desalmados pero no boludos, demoraron al ex jugador de Independiente y San Lorenzo, y luego de arduas negociaciones diplomáticas se evitó que Olguín fuera confinado de por vida a manejar un trineo en Siberia.

El abrupto final de la trayectoria del "Turco" dejó numerosos interrogantes sin respuesta y otros que me animo a contestar: ¿Hubiera sido el volante central y capitán de la selección campeona mundial en el 78?, Si. ¿Gallego y Passarella hubieran cargado de brillo sus trayectorias con la presencia del Turco como pieza clave en el equipo de Menotti? No. ¿Es Julio Asad el jugador más talentoso surgido de las inferiores velezanas? Probablemente si. Un duro golpe del destino impidió que los hechos corroboraran estos postulados. Veinte años más tarde, como una desgraciada jugada del azar, su primo Omar, -el tercer turco célebre-, sufría un inconveniente físico de similares características y se veía obligado a abandonar la actividad, al igual que su pariente, a muy temprana edad.

Con su diploma de técnico en la mano, Asad dirigió varios equipos del ascenso y obtuvo títulos locales en el fútbol ecuatoriano donde adquirió con su trabajo fama y prestigio. En abril del 2008, de regreso de Arabia Saudita fue víctima de un ACV del que gracias a un excelente tratamiento ha logrado recuperarse satisfactoriamente.

Los hinchas nos quedamos con ganas de disfrutar y admirar un tiempo más sus agallas, su habilidad y su inmenso talento.

Julio Asad. Genio y Figura. No habrá ninguno igual.

 

Gabriel Martínez